jueves, 18 de octubre de 2007

"Ciberíada" de Stanislaw Lem

Quiero recomendar este genial libro:

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Parece ser que es la continuación de "Fábulas de robots", libro escrito en 1964, un año antes, y trata sobre 2 constructores interplanetarios que gustan de andar resolviendo entuertos al estilo de los caballeros andantes (tiene alguna similaritud con el Quijote, pero con el tono narrativo a caballo entre la sátira y la ciencia ficción más allegada a la fantasía). Pues eso, aunque se les llame "constructores", no debemos pensar en ellos como en unos predicadores del ladrillo y el urbanismo a pie de playa, sino como en unos ingenieros de todo tipo de máquinas creadoras de asombros e incluso de seres vivos, que les igualarían a nuestros dioses de la Antiguedad.

Si tuviésemos que comparar este libro de relatos con alguna serie, podríamos mencionar "Futurama" (por el capítulo donde los protagonistas, Trurl y Clapaucio, quieren hacer un anuncio que se pueda leer desde años luz, y se les ocurre crear un aglomerador de estrellas con el que formar letras con un haz tractor), "Doctor Slump" (por los inventos que hacen sólo bobadas, o el final apoteósico de la Expedición Séptima) o "el cuento filosófico cultivado por Jonathan Swift y Voltaire mediante su traslación al mundo de la robótica" (al menos eso dice la contraportada de Alianza Editorial).

Son como los cuentos medievales de reyes y adivinanzas pero con robots y naves.
Contiene muchísimas sorpresas, como en el primer capítulo, cuando convierten a los soldados de unos reinos belicosamente antagonistas en, literariamente, dos colmenas de Borgs... con resultados sorprendentes.

Si queréis, podéis leer on line el segundo de los capítulos: "El Electrobardo de Trurl", en el que Trurl, uno de los Constructores, decide inventar una máquina poeta... y al final se verá en un aprieto debido a las ínfulas de artista de su propia creación. Leedlo disfrutando de cada párrafo, sin querer adelantarse a los acontecimientos.

Los nombres de los monarcas y gobernantes son de los más gracioso, como Cruelio, Monstrogrito, Mandrillón Grandísimo, o Exileo Tartariano (el exiliado en un planetoide enano, como el marveliano Blaastar).

Hay un fragmento de la Expedición Tercera que merece mención especial por su inesperada hilaridad. Resulta que un constructor corrupto (volvemos subliminalmente al tema de la especulación urbanística) se dedica a ir por los mundos creando dragones de la nada mediante un aparato que amplifica exponencialmente la posibilidad de que existan, para luego reducirlos de nuevo a su estado original de 0,0% y cobrar riquezas como matadragones. Trurl y Clapaucio discuten acerca de estos procedimientos:

-Probablemente rasca en la matriz las letras "gón" y pone "cula". Así obtiene un "Drácula". ¡Dragón vampiro! ¿Te das cuenta?

En fin, que es un libro muy bueno. Desde que terminé "El Señor de los Anillos" no había vuelto a encontrar un libro que me volviese a robar el entendimiento, como éste.
Ya hacia el final se va desganando un poco porque la sorpresa se ha disipado entre detalles técnicos, y de hecho me parece raro que el libro termine con un relato en el que el protagonista no es el que cuenta una hazaña o correría a nadie, sino el que escucha de labios de un robot toda una harenga filosófica vivida por haber replicado electrónicamente a poco menos que un dios.

Pero de verdad, es un libro que hay que tener en cuenta.
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