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viernes, 1 de marzo de 2013
Un Día Gris: Making-of
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jueves, 14 de febrero de 2013
"Un Día Gris" (Las Dos en Punto)
Nunca había trabajado tanto en un vídeo de animación como en este videoclip.
Con él, inauguro un nuevo canal de YT, destinado a meter vídeos originales con más sustancia que en SerafitaFilms:
Próximamente el Making-Of.
Espero que os guste el vídeo y sigáis el canal.
Con él, inauguro un nuevo canal de YT, destinado a meter vídeos originales con más sustancia que en SerafitaFilms:
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domingo, 3 de febrero de 2013
Nuevo canal de YT: SrPintado
Nuevo canal:
Me he mudado a una nueva cuenta de YT. SrPintado es como estoy firmando últimamente en todos los sitios, como en mis cómics en el fanzine OjoDePez. Por otro lado, pasé bastantes semanas trabajando en un videoclip de animación, y me gustó tanto el resultado que me pareció un buen momento para hacer la transición. Que la avalancha de nuevos suscriptores que este encargo atraería aterrizase directamente en el nuevo canal:
http://www.youtube.com/watch?v=BjDcD9oGY6M
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viernes, 11 de enero de 2013
Agápitous en María Pandora
Agápitous está abierto a artistas de todo tipo.
https://www.facebook.com/groups/276433222478195/
https://www.facebook.com/groups/276433222478195/
Lista de reproducción con todos los vídeos de Agápitous:
viernes, 16 de noviembre de 2012
El hombre que acariciaba a los gorditos
Un profesor del centro cultural no paraba de acariciarle los mofletes a un niño gordo; con fruición, como a un perro. Desde la otra punta del pasillo se veía que el chaval se sentía incómodo. Y el otro seguía, y venga, y dale. El pobre niño se excusó:
—Me tengo que ir porque mi madre...
—¡Pues corre! —le espoleó el profesor, con una sonrisa que de tan inconsciente era cruel.
El niño se lanzó a correr hasta la puerta a un metro y medio de distancia. Casi tropezándose con el aire. Sudando vergüenza indefensa.
Yo no le dije al profesor:
—¿Es que no se ha dado cuenta de que el niño estaba sintiéndose humillado? No vuelva a frotarle los mofletes así jamás, ¡jamás!
Si se lo hubiera dicho, encima el desagradable hubiera sido yo.
—Me tengo que ir porque mi madre...
—¡Pues corre! —le espoleó el profesor, con una sonrisa que de tan inconsciente era cruel.
El niño se lanzó a correr hasta la puerta a un metro y medio de distancia. Casi tropezándose con el aire. Sudando vergüenza indefensa.
Yo no le dije al profesor:
—¿Es que no se ha dado cuenta de que el niño estaba sintiéndose humillado? No vuelva a frotarle los mofletes así jamás, ¡jamás!
Si se lo hubiera dicho, encima el desagradable hubiera sido yo.
sábado, 27 de octubre de 2012
La Educación Prohibida (Germán Doin, Argentina, 2012)
Estaba en 5º de EGB. Tocaba Tutoría. Es decir, leer callados y quietos como muertos mientras la profesora aprovechaba los tres cuartos de hora para corregir exámenes. Yo quise aprovecharlos para hacer un cómic utilizando fotos de una revista (TelePrograma). La profesora me dijo amenazante que dejase de hacer tonterías, abrió un armario y me sacó un libro: "Apareció en mi ventana", de Alfredo Gómez Cerdá.
—Éste ya lo he leído —le dije sin pretensiones, tan sólo afirmando un hecho.
—¿Ah, sí? —replicó chulesca— A ver, ¿de qué va? ¡Y no vale leer la contraportada!
Le conté el libro de pe a pa. Sin saber cómo reaccionar, volvió al armario a por otro libro. Que por supuesto no me dio tiempo a terminar y tampoco me lo podía llevar; pero era leer medio libro o ponerse contra la pared.
Es un ejemplo personal de por qué he agradecido ver el documental "La Educación Prohibida" en la iniciativa La Biblioteca Proyecta de Collado Villalba. Al final de la proyección (versión acortada) se hizo un debate.
TRAILER
Además de la alegoría de la caverna de Platón, el documental ilustra el cuento de un jardinero que ansiaba tanto ver crecer sus plantas que tiraba de sus tallos pensando que con eso las ayudaba a desarrollarse. Pero morían. El ser humano nace con pasión por aprender, no hay que añadir ni intervenir en nada más que en cuidar que esa pasión no decaiga. Los bosques mejor conservados son los vírgenes. Tomando estas mismas imágenes, yo añadiría otra alegoría más, de cosecha propia:
Desde siempre hay un incendio en el bosque. A los niños se les entrega un leño para que "puedan defenderse". Pero el leño es tan pesado (e inútil, pues las fieras han huído) que sólo puede ser arrojado... y alimenta el fuego.
Ese incendio sólo existe mientras se le siga alimentando con maderos. Dejar de dárselos a los niños no implica que queden indefensos, sino que en el futuro ya no exista ese fuego tan amenazador. Un interés creado, artificial, innecesario y molesto. Quizá en su día ese incendio sirvió para alejar las manadas de lobos, pero ¡ya no hay lobos! Los leños ya no nos sirven a nosotros, sino al fuego.
Una de esas personas que entienden las cosas al revés dijo que tanta libertad es perniciosa, y que si no se guía a los niños para que aprendan las cosas bien, "cualquier cosa puede pasar".
—Precisamente, ¡cualquier cosa puede pasar! —repliqué yo, para remarcar que la misma moneda tenía dos caras, que lo imprevisto que pudiera surgir sería, lo más probablemente, más positivo. Al menos mejor que la mecánica actual de fábrica de morcillas.
En fin, es cierto que como en toda película, el documental tiene momentos pastelosos, pero ante todo es inspirador. Aunque sólo fuera, por el modo en que fue financiado, gracias al apoyo colectivo de 704 coproductores.
Este documental se distribuye con licencia copyleft. Puedes verla por internet gratis, descargarla, proyectarla donde quieras... ¡Aquí mismo, ¿por qué no?!
—Éste ya lo he leído —le dije sin pretensiones, tan sólo afirmando un hecho.
—¿Ah, sí? —replicó chulesca— A ver, ¿de qué va? ¡Y no vale leer la contraportada!
Le conté el libro de pe a pa. Sin saber cómo reaccionar, volvió al armario a por otro libro. Que por supuesto no me dio tiempo a terminar y tampoco me lo podía llevar; pero era leer medio libro o ponerse contra la pared.
Es un ejemplo personal de por qué he agradecido ver el documental "La Educación Prohibida" en la iniciativa La Biblioteca Proyecta de Collado Villalba. Al final de la proyección (versión acortada) se hizo un debate.
TRAILER
Además de la alegoría de la caverna de Platón, el documental ilustra el cuento de un jardinero que ansiaba tanto ver crecer sus plantas que tiraba de sus tallos pensando que con eso las ayudaba a desarrollarse. Pero morían. El ser humano nace con pasión por aprender, no hay que añadir ni intervenir en nada más que en cuidar que esa pasión no decaiga. Los bosques mejor conservados son los vírgenes. Tomando estas mismas imágenes, yo añadiría otra alegoría más, de cosecha propia:
Desde siempre hay un incendio en el bosque. A los niños se les entrega un leño para que "puedan defenderse". Pero el leño es tan pesado (e inútil, pues las fieras han huído) que sólo puede ser arrojado... y alimenta el fuego.
Ese incendio sólo existe mientras se le siga alimentando con maderos. Dejar de dárselos a los niños no implica que queden indefensos, sino que en el futuro ya no exista ese fuego tan amenazador. Un interés creado, artificial, innecesario y molesto. Quizá en su día ese incendio sirvió para alejar las manadas de lobos, pero ¡ya no hay lobos! Los leños ya no nos sirven a nosotros, sino al fuego.
Una de esas personas que entienden las cosas al revés dijo que tanta libertad es perniciosa, y que si no se guía a los niños para que aprendan las cosas bien, "cualquier cosa puede pasar".
—Precisamente, ¡cualquier cosa puede pasar! —repliqué yo, para remarcar que la misma moneda tenía dos caras, que lo imprevisto que pudiera surgir sería, lo más probablemente, más positivo. Al menos mejor que la mecánica actual de fábrica de morcillas.
En fin, es cierto que como en toda película, el documental tiene momentos pastelosos, pero ante todo es inspirador. Aunque sólo fuera, por el modo en que fue financiado, gracias al apoyo colectivo de 704 coproductores.
WEB OFICIAL
Este documental se distribuye con licencia copyleft. Puedes verla por internet gratis, descargarla, proyectarla donde quieras... ¡Aquí mismo, ¿por qué no?!
viernes, 26 de octubre de 2012
Marco y el retardante dramático
Me dio por ver "Marco, de los Apeninos a los Andes". No sé hasta donde llegaré, pero nada más en el primer capítulo ya hay un recurso narrativo de los gordos.
Lo llamo el retardante dramático.
Marco está enfadado con el mundo porque no le dijeron que su madre se iba a la Argentina. No quiere mostrar emociones, se cierra. Está con su familia en el puerto y de fondo suenan unos músicos genoveses. Su madre le pide una sonrisa. Nada. Su cara permanece rígida. De hecho, su perfil casi no cambia de fotograma, se mueve todo menos él. Pasan varios segundos, Marco se queda solo, atrás. Zoom lento. La música enmudece, sólo se perciben ruidos portuarios. El mismo perfil durante varios segundos.
De repente (cambio de plano a frontal semipicado), alza la cabeza con los ojos acuosos; atraviesa el gentío, y llora mientras se despide de su mamá y se va cayendo en todos los socavones del puerto.
Sin esa emoción ¡tan contenida! previa al zarpar del barco, la escena hubiera resultado una más del montón, la típica escena sensiblera. Hubiera parecido la recreación en la película conmemorativa de 1999. Pero al contenerse, agarra al espectador y retiene sus emociones, las comprime, haciendo que quieran estallar. Al primer MAMÁAA, el trabajo está hecho.
Las próximas dos entradas serán sobre el capítulo 4: "Marco contra Chicho Terremoto" (al menos por la voz), y "Amedio y la niña moñosa que le mira y dos horas después se pone a llorar porque se da cuenta de que un mico le está agarrando la mano".
No, es broma... Sólo tarda dos segundos.
Lo llamo el retardante dramático.
Marco está enfadado con el mundo porque no le dijeron que su madre se iba a la Argentina. No quiere mostrar emociones, se cierra. Está con su familia en el puerto y de fondo suenan unos músicos genoveses. Su madre le pide una sonrisa. Nada. Su cara permanece rígida. De hecho, su perfil casi no cambia de fotograma, se mueve todo menos él. Pasan varios segundos, Marco se queda solo, atrás. Zoom lento. La música enmudece, sólo se perciben ruidos portuarios. El mismo perfil durante varios segundos.
De repente (cambio de plano a frontal semipicado), alza la cabeza con los ojos acuosos; atraviesa el gentío, y llora mientras se despide de su mamá y se va cayendo en todos los socavones del puerto.
Sin esa emoción ¡tan contenida! previa al zarpar del barco, la escena hubiera resultado una más del montón, la típica escena sensiblera. Hubiera parecido la recreación en la película conmemorativa de 1999. Pero al contenerse, agarra al espectador y retiene sus emociones, las comprime, haciendo que quieran estallar. Al primer MAMÁAA, el trabajo está hecho.
Las próximas dos entradas serán sobre el capítulo 4: "Marco contra Chicho Terremoto" (al menos por la voz), y "Amedio y la niña moñosa que le mira y dos horas después se pone a llorar porque se da cuenta de que un mico le está agarrando la mano".
No, es broma... Sólo tarda dos segundos.
viernes, 5 de octubre de 2012
Castillos en el Aire #150
Castillos en el Aire. El programa de libros y escritores de Radio 21.
La semana pasada me avisó el presentador, Javi, que Josué iba a estar en el primer programa de la quinta temporada, Vicente también... ¡y venga, yo también, ¿por qué no?!
Fue gracioso porque, teniendo en cuenta que por causas personales, el próximo medio año tienen que dejar de hacer el programa en directo, debíamos hablar el lunes 1 como si ya fuera el jueves 4, lo que nos hacía incurrir en paradojas temporales.
Josué Ramos habló de sus dos novelas: "La última conspiración", y "Ecos de voces lejanas" (así como del género que más le representa, el steampunk).
Vicente Ponce López adelantó detalles sobre la continuación de "Kalafirám". Interpreté un fragmento suyo y me emocioné tanto que di un rodillazo a la pata de la mesa justo cuando una espada era desenvainada.
Solté una sinópsis y poco más (quien se lo baje sólo por mí, que se lo piense), pero lo disfruté. Y se nos echó el tiempo encima, por lo que olvidé mencionar mis cuentos publicados, y la obra de teatro para junio. Ya iré ex-profeso, en este momento estoy en una época de aislamiento creativo.
Descarga en mp3:
http://www.ivoox.com/castillos-aire-150-1-de-audios-mp3_rf_1472333_1.html
Post original del programa:
http://castillosenelaire21.blogspot.com.es/2012/10/castillos-en-el-aire-150-en-el-que-como.html
![]() |
| Así lo vi desde mi imaginación. |
Ya debo haber estado en sus estudios (primero en el de Pelayos y ahora en el de Navas del Rey) unas... ¿5 veces? ¡Sin publicar un solo libro, ahí, porque sí! Bueno, ahora sí tengo un par de libros (de los relatos publicados), pero la primera vez que estuve con ellos era en plan "yooooo primero voy a la radio, y luego ya publicaré, si eso, ya".
Les conocí por la radionovela "Malditos" que iniciaron gracias a Vicente Ponce López, que hizo el primer acto. Me uní a la lista de turnos de autores, así como también hizo Josué Ramos.La semana pasada me avisó el presentador, Javi, que Josué iba a estar en el primer programa de la quinta temporada, Vicente también... ¡y venga, yo también, ¿por qué no?!
Fue gracioso porque, teniendo en cuenta que por causas personales, el próximo medio año tienen que dejar de hacer el programa en directo, debíamos hablar el lunes 1 como si ya fuera el jueves 4, lo que nos hacía incurrir en paradojas temporales.
Josué Ramos habló de sus dos novelas: "La última conspiración", y "Ecos de voces lejanas" (así como del género que más le representa, el steampunk).
Vicente Ponce López adelantó detalles sobre la continuación de "Kalafirám". Interpreté un fragmento suyo y me emocioné tanto que di un rodillazo a la pata de la mesa justo cuando una espada era desenvainada.
Solté una sinópsis y poco más (quien se lo baje sólo por mí, que se lo piense), pero lo disfruté. Y se nos echó el tiempo encima, por lo que olvidé mencionar mis cuentos publicados, y la obra de teatro para junio. Ya iré ex-profeso, en este momento estoy en una época de aislamiento creativo.
Descarga en mp3:
http://www.ivoox.com/castillos-aire-150-1-de-audios-mp3_rf_1472333_1.html
Post original del programa:
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domingo, 10 de junio de 2012
I Maratón de Microrrelatos de Navacerrada
Antes de entrar al centro cultural, tomé un café solo que me mantuvo toda la mañana graciosillo y con media taquicardia. En la inscripción me sentí como Son Goku en el Gran Torneo de las Artes Marciales. No en vano era la primera vez que participaba en una maratón de microrrelatos. Sin embargo, aun contando con los mayores pizarrones, no hubiera servido de mucho hacer unos diagramas con la evolución de los fases. Cada uno se enfrentaba en solitario contra todos los demás, ante los seis ojos del jurado. De haber esquema, consistiría en una fila de treinta participantes unidos a la misma línea horizontal; otros quince unidos encima; cinco más, y un palito en la cima. Casi una tarta de primera comunión.
Todo transcurrió en la sala de exposiciones, alargada y luminosa, con paredes blancas y grandes ventanales. Tenía miedo de pasar calor, pero por suerte a esas horas el sol lucía al lado contrario del edificio. Quizá por eso lo hicieron por la mañana en vez de como en los últimos años. Nos sentamos en mesas con cuatro sillas y cuatro botellitas de agua en cada una. Me puse en la del fondo con la pared a mi derecha, para que no me distrajera nada detrás. Dieron unas cartulinas negras para acomodar los folios al escribir, pues la textura de las mesas, aunque firme, era rugosa. Luego repartieron dos hojas: una de plantilla con ciento cincuenta casillas para llevar fácil la cuenta de palabras; la otra lisa, sólo con el encabezado del concurso y un recuadro para poner tu número asignado de participante. Yo fui el 21.
- Primera Ronda -
Nos dieron un pie de comienzo, que decía “Soy un poeta sin versos”. ¿No había una frase más cursi? Durante los quince minutos que nos dieron para escribirlo en sucio y los otros cinco para pasarlo a limpio, tuve que darme prisa y arreglar la cosa como pude:
Soy un poeta sin versos. Un camello sin joroba. Un calvo con pelo. En lo que intento, fracaso. En lo que ignoro me alaban. Por eso paso las tardes vigilando la caja de ahorros desde el parque, concentrándome en no atracarlo, confiando en que los guardias de seguridad se tropezarán con un bordillo y una saca de dinero caerá en mis manos. Pero cuando sucedió, eché a correr para quedármela. ¡Tonto! Tenía que haber huído haciendo el pino hacia atrás, la cárcel está llena de corredores de cien metros lisos.
Soy un armario sin alcanfor. Un café de achicoria. Un millonario dentro de cuarenta y cinco años. El más rico del cementerio.
Tuvimos media hora mientras el jurado de tres personas decidía qué quince participantes se quedaban. Así que cogí un par de bollos del desayuno que prepararon. Había de todo: café, té, pastitas; era una tea party para brujas.
Anduve en la salida hablando con conocidos de talleres. Enseñé mi ejemplar de “Zombies! Volumen 2”, algunos lo leyeron en un ratito y triunfó.
Nos avisaron para la lista y regalaron camisetas de la Campaña de Animación a la Lectura María Moliner, con el icono de un libro con forma de regadera. La típica camiseta por la que te pegan en el cole. Al menos es blanca, debe ser fresquita para el verano.
Nos sentamos en nuestros sitios de nuevo, pero la presentadora dijo que mejor volviéramos todos a la entrada. De ese modo, era menos violento para quien no continuara. Tenía la especie de presentimiento de que yo iba a proseguir, pero igualmente recogí todas mis cosas por si no volvía. Seguro que no me las llevaba, no pasaba a la siguiente fase. Dijeron quince números, entre ellos el 21. Una señora con la que supongo había compartido mesa dijo mientras yo volvía decidido a mi sitio: “Anda mira, ¡ha pasado ese chaval!” También lo logró una colega de Villalba, pero la otra con la que subí a Navacerrada no. ¡Maldito pie de entrada! Fundió su cerebro... ¡Yo te vengaré!
- Segunda Ronda -
Ahora tocaba como premisa la oración final. Y sí, había una frase más cursi que la primera: “El tiempo es una lluvia paciente”. Las frases que no me dio tiempo a pasar a limpio las encorcheto:
Recoge las maletas. Desaparece. No prepares el vestido con el que saldrás por el pórtico. Que tu peinado sea invisible. Te estaré esperando sentado en el pedestal de nuestra estatua. Cuando yo tampoco te vea, no lloraré. Volveré al día siguiente.
Miraré las canas de tu marido. Por tu sonrisa discreta sabré si ha logrado cambiar. Y cuando diga sus últimas palabras frente a sus mejores amigos, podré darte las primeras palabras de mi corazón. Aunque no recojas las maletas, aunque tu peinado sea reconocible desde lejos. Me confundirán con nuestra estatua, y el sol no me verá. Quizá tú no desaparezcas, [pero ¿cómo levantarme cada mañana si no estarás conmigo al acostarme?] y las grietas y los pedazos del acero formarán el monumento a nuestra paciencia. [Las lágrimas harán crecer un jardín en el que poder caminar descalzos]. El tiempo es una lluvia paciente.
Realmente fue demasiado poco tiempo para hacer un cuento bien. Tuvieron que recoger mi hoja la última, ya metiendo prisa y obligándome a suprimir esa frase del final con la que evitaba la repetición de paciencia. Confío en que el año que viene den cinco minutos más para pulir. Tenía que haber pedido en voz alta que nos pusieran una premisa sin ínfulas de grandeza; y si la rigidez lo impedía, romper mi plantilla y retirarme en ese punto. Pero ya sabes: “¿Y si llego a la final?” El premio mínimo es un lote de libros, y el máximo doscientos euros.
Un coro amenizó la espera del siguiente veredicto del jurado. A la tercera canción sentí necesidad de sal, y me fui a la terraza del bar con los colegas que esperaban fuera. Como el camarero vio que comía pipas de mi bolsillo y no pedía nada, me dijo que él se quedó calvo de tanto comer pipas.
- Ronda Final -
La presentadora enumeró los participantes que accedían a la última fase:
—El veinti... —¿veintiuno? ¿sería posible?— ...cuatro.
—¡Uyyyyyyy!
—El tal, el cual... El veinti... —¿uno? ¿uno? ¡Di uno!— ...nueve.
Total, que me quedé en la “semifinal”. Pero cumplí el objetivo que deseaba de pasar al menos a la segunda ronda.
Volví a nuestra mesa del bar y nos criticamos los textos mutuamente entre amigos. De los cinco relatos finalistas, mi favorito fue el segundo. El año que viene quiero quedar segundo, porque muchas veces los jurados no se atreven a darle el oro a otro cuento que no sea el de la moralina más “happy” (por decir algo suave). De hecho, el ganador había coincidido en el descanso con la colega de mi pueblo y le había dicho que no le terminaba de convencer su propio cuento. Siempre podemos decir que el fallo del fallo fue poner esas palabras clave: “luz”, “cenizas”... ¡Deprimentes para la imaginación! Con lo estimulante que habría sido incluir “travesti”, “morcilla”...
domingo, 13 de mayo de 2012
OjoDePez #20: Niño Especial
Dos nuevas historietas en el fanzine OjoDePez v.2.0.:
http://www.ojodepez-fanzine.net/in-manutenzione/?p=1110
http://www.ojodepez-fanzine.net/in-manutenzione/?p=1110
lunes, 5 de marzo de 2012
Cita / Quote
"Una obra debe sostenerse por sí sola, ya que cuando el autor muera no quedará nadie para defenderla."
(Antes de mí, ¿quién lo dijo?)
domingo, 22 de enero de 2012
Twitter del Señor Pintado
Al final he caído también. Pero por una buena causa: propagar mis nuevas animaciones allende los charcos. Me puse SrPintado porque estaban ocupados VictorPintado (un distribuidor de repuestos para electrodomésticos), VPintado, Victor, P, Pi,Pin, Pintado...
Y porque el dueño de una librería me llama "señor" y me ha hecho gracia el apodo.
https://twitter.com/#!/SrPintado
Y porque el dueño de una librería me llama "señor" y me ha hecho gracia el apodo.
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lunes, 26 de diciembre de 2011
Cita de Chejov
"Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones."
Gracias, Anton. Sabía que iba por buen camino.
Gracias, Anton. Sabía que iba por buen camino.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
A Javier Fernández de Castillos en el Aire
En mi dormitorio hay poca decoración. La mitad del cuarto está repleta de libros y cosas. El resto procuro tenerlo libre. Lo único que cuelga en ese área vacía de mis dos paredes libres es: un calendario, y el cartel de la Feria del Libro de Navas del Rey que me diste. En aquel evento conocí a Rocío Ordóñez, que me metió al clan de los LápizCero. Fue un día muy especial para mí. Una vez estuve en casa, sentí un verdadero gozo por este amor común por la literatura (y todo lo que implica) que compartí con tanta gente, ahora imprescindible para mí. Tanto gozo, que quise asegurarme de que no lo olvidaría. Tenía en mis manos el cartel, que decía: “IV Feria del Libro Sierra Oeste de Madrid”, y la fecha. Con la imprevista magia de unas tijeras, recorté el palote del cuatro romano, y también la fecha en la que se celebró esa edición. Desde entonces, en la pared de mi cuarto que da al norte, luce el cartel de la “V” Feria del Libro... Cada vez que pierdo mi norte, miro hacia él y veo lo que se celebrará de nuevo en menos de un año. Vuelvo a sentir el calor del sol en mi brazo, colándose por la ventanilla del autocar que lleva a Navas. Me impulsa a dar mi máximo esfuerzo para poder un día subir al escenario y decir: «sí, yo me he tirado todo este tiempo dándolo todo con el boli... ¡y podéis comprar mi libro por un precio realmente competitivo! ¡Lo estamos dando, lo estamos regalaanndoooo!»
Pero ese gozo viene a ser un mero síntoma de un veneno que ya albergaba en mi interior. Lo que me faltaba era reafirmarme en mi fe. Considerarme tan válido para escribir como J. M. Gisbert, cuando me dio la mano como un rey a un duque.
La pólvora ya la tenía, y en cantidades industriales.
Gracias por la chispita.
lunes, 24 de octubre de 2011
Llueve (Ejercicio de observación)
Las gotas caen ahora más fuerte.
Una familia camina ligero, jugando a huir de la lluvia; sus niñas dan grititos detrás.
Un vecino espera bajo una balconada. Lleva paraguas, pero teme salir.
Vecinas salen a recoger la colada, a bajar un toldillo, que no les quede humedad.
El suelo moja. Y es ahora cuando el mundo parece más auténtico.
El vecino salió.
Una familia camina ligero, jugando a huir de la lluvia; sus niñas dan grititos detrás.
Un vecino espera bajo una balconada. Lleva paraguas, pero teme salir.
Vecinas salen a recoger la colada, a bajar un toldillo, que no les quede humedad.
El suelo moja. Y es ahora cuando el mundo parece más auténtico.
El vecino salió.
domingo, 25 de septiembre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
"La prueba ya ha empezado", dijo la Esfinge
Un grupo de teatro amateur retornaba a los ensayos tras el verano y abrían sus puertas a nuevos miembros. Fui a ver qué tal se lo montaban por si me interesaba unirme o no.
El director me saludó efusivamente y me contó un poco por encima la dinámica del grupo. La cuota era algo más de lo que me podía permitir en ese momento, pero ya que estaba, me quedaría a ver el percal. Al fin y al cabo, si me acababa gustando de verdad, se convertiría en el estímulo definitivo para hallar un empleo, y así poder estar ahí. Se me presentaron un par de personas más, todas muy agradables, y subí escaleras arriba. En el piso superior, el director me abordó de nuevo, y comenzó el infierno. Me tanteó con preguntas. Preguntas completamente normales sobre mis experiencias y expectativas, aunque en ese momento me pillaron bastante en frío. No era uno de mis días espontáneos. De camino a la sala de ensayos, fui respondiendo como pude, porque tampoco quería entretener demasiado al dire; siempre he creído que en un ensayo, las charlas para después. Se me acercaba mucho. Deseaba alejarme unos centímetros para no ver tan grande su rostro, pero se me acercaba otra vez. No es que me diera asco, sino que debía forzar la vista para enfocarle adecuadamente la cara y eso me desconcentraba aún más. El pasillo, realmente corto, se estaba haciendo interminable. En algún punto de la conversación parece que me creyó un mentiroso, porque preguntó de nuevo si había hecho teatro antes. Mi cara inexpresiva le ejercía el influjo de una falsa prueba. Intentaba avanzar poco a poco al salón, pero él se me detenía casi delante. Me hablaba como si no tuviera ni idea. Me hacía sentir como en un juicio en el que no existe la presunción de inocencia.
— Sinceramente, es que no te veo dentro del grupo. Me parece como que pones un muro entre tú y yo, y el teatro es de contacto.
Parecía tener la extraña idea de que para interpretar personajes alegres y vivarachos tienes que comportarte como un fumador de crack las 24 horas. Traté de ser diplomático, pero cuanto mejor transformaba mis verdaderos pensamientos en palabras, menos me entendía. Yo lo que quería era, tras una hora de viaje y un rato esperando al sol, entrar a la sala con los demás, sentarme, embeberme del ambiente, y luego ya lo que sea. Pero era como cuando te dejas las llaves dentro de casa: no podía estar emocionado porque aún no sabía si me interesaba de verdad estar con ellos. Si hubiera sido un trabajo fijo, quizá me habría tomado cuatro cafés cargados para verme agitado. La gente suele creerse eso de que agitado es lo contrario de deprimido.
Me acompañó abajo, a la puerta. Como tardaba en abrir el cerrojo, tuve tiempo de recurrir a la "analogía Máximo Pradera":
— Esta situación es como si me dices: tienes dos minutos para dibujar una casa; y a los diez segundos me dices que ya.
— ¿Sabes qué? Te voy a dar una segunda oportunidad. —¿Y ahora sí? ¿Pero esto qué es?
Vio que no subía disparado tarareando Abba con apasionada determinación, y volvió a la carga.
— ¿Ves? Si es que no te veo seguro.
Joder, ¿cómo voy a sentirme seguro si tengo que montarte una escena para cruzar un pasillo de tres metros?
Al final entré porque también llegó un amigo.
Ya despidiéndonos, no había ningún rencor con el director, incluso me regaló un "ya sabes donde estamos". Pero vamos, la de singulares personalidades que se habrá perdido el grupo por la Esfinge de la puerta. Hace años me hubiera caído mal este hombre, pero con el tiempo estoy aceptando que no todo el mundo utiliza la misma lógica que yo, y que lo que para mí es algo de cajón y perfectamente natural, para otro puede ser una irregularidad, un fallo en matrix, una amenaza a su estabilidad mental. Y viceversa.
El director me saludó efusivamente y me contó un poco por encima la dinámica del grupo. La cuota era algo más de lo que me podía permitir en ese momento, pero ya que estaba, me quedaría a ver el percal. Al fin y al cabo, si me acababa gustando de verdad, se convertiría en el estímulo definitivo para hallar un empleo, y así poder estar ahí. Se me presentaron un par de personas más, todas muy agradables, y subí escaleras arriba. En el piso superior, el director me abordó de nuevo, y comenzó el infierno. Me tanteó con preguntas. Preguntas completamente normales sobre mis experiencias y expectativas, aunque en ese momento me pillaron bastante en frío. No era uno de mis días espontáneos. De camino a la sala de ensayos, fui respondiendo como pude, porque tampoco quería entretener demasiado al dire; siempre he creído que en un ensayo, las charlas para después. Se me acercaba mucho. Deseaba alejarme unos centímetros para no ver tan grande su rostro, pero se me acercaba otra vez. No es que me diera asco, sino que debía forzar la vista para enfocarle adecuadamente la cara y eso me desconcentraba aún más. El pasillo, realmente corto, se estaba haciendo interminable. En algún punto de la conversación parece que me creyó un mentiroso, porque preguntó de nuevo si había hecho teatro antes. Mi cara inexpresiva le ejercía el influjo de una falsa prueba. Intentaba avanzar poco a poco al salón, pero él se me detenía casi delante. Me hablaba como si no tuviera ni idea. Me hacía sentir como en un juicio en el que no existe la presunción de inocencia.
— Sinceramente, es que no te veo dentro del grupo. Me parece como que pones un muro entre tú y yo, y el teatro es de contacto.
Parecía tener la extraña idea de que para interpretar personajes alegres y vivarachos tienes que comportarte como un fumador de crack las 24 horas. Traté de ser diplomático, pero cuanto mejor transformaba mis verdaderos pensamientos en palabras, menos me entendía. Yo lo que quería era, tras una hora de viaje y un rato esperando al sol, entrar a la sala con los demás, sentarme, embeberme del ambiente, y luego ya lo que sea. Pero era como cuando te dejas las llaves dentro de casa: no podía estar emocionado porque aún no sabía si me interesaba de verdad estar con ellos. Si hubiera sido un trabajo fijo, quizá me habría tomado cuatro cafés cargados para verme agitado. La gente suele creerse eso de que agitado es lo contrario de deprimido.
Me acompañó abajo, a la puerta. Como tardaba en abrir el cerrojo, tuve tiempo de recurrir a la "analogía Máximo Pradera":
— Esta situación es como si me dices: tienes dos minutos para dibujar una casa; y a los diez segundos me dices que ya.
— ¿Sabes qué? Te voy a dar una segunda oportunidad. —¿Y ahora sí? ¿Pero esto qué es?
Vio que no subía disparado tarareando Abba con apasionada determinación, y volvió a la carga.
— ¿Ves? Si es que no te veo seguro.
Joder, ¿cómo voy a sentirme seguro si tengo que montarte una escena para cruzar un pasillo de tres metros?
Al final entré porque también llegó un amigo.
Ya despidiéndonos, no había ningún rencor con el director, incluso me regaló un "ya sabes donde estamos". Pero vamos, la de singulares personalidades que se habrá perdido el grupo por la Esfinge de la puerta. Hace años me hubiera caído mal este hombre, pero con el tiempo estoy aceptando que no todo el mundo utiliza la misma lógica que yo, y que lo que para mí es algo de cajón y perfectamente natural, para otro puede ser una irregularidad, un fallo en matrix, una amenaza a su estabilidad mental. Y viceversa.
martes, 16 de agosto de 2011
CINE JUDO
Recién vi el excelente documental "El Último Guión", sobre Buñuel. Es una pasada, sale Ian Gibson y todo. Reavivó mi antigua pasión por el cine. Llevo casi un año sin pensar en hacer cortometrajes, debido a: una deprimente época de desamor, un deprimente curso técnico, la soledad del deprimente agosto...
A decir verdad, tampoco me alejé tanto del arte, ya que gracias a que las clases diarias me quitaban todo el tiempo para pensar en proyectos audiovisuales, me vi obligado (o me permití, según como se mire) a centrarme en relatos breves, y demás manifestaciones literarias. Incluso comencé una obra teatral. Además, el abono transporte que pagaba mi padre para poder bajar a Madrid todos los días me concedió el privilegio de conocer en un par de eventos a la gente de LapizCero Ediciones. Unos meses ocupados, pero majísimos. Aunque suspendiera todas las materias, volvería a meterme en un curso para moverme.
Sin embargo, cuando al fin parecía que tendría tiempo para dibujar y lujuriear a gusto, voy y me rompo un metacarpo de la mano derecha. Justo había entrado en la plantilla del fanzine Ojo de Pez, y de la noche a la mañana me veo perdido en un desierto de posibilidades enterradas. Podrías decir: pues aún puedes escribir en un teclado con la izquierda. Cierto, realmente no me cuesta. Pero no me inspiro así, necesito ver el papel delante. Encender el ordenador como mucho para escuchar música y para pasar a limpio el manuscrito.
Aunque cuando me imagino a los 60 años me veo entre muchos libros (varios míos), siempre vuelvo al cine porque aún soy joven y percibo la literatura como una empresa demasiado solitaria. Hasta para mí. Realizar las películas que creo que deben existir me ayudará a encontrar "amiguitos para jugar". Al final todo se resume en eso. Entre los escritores también he encontrado fieles colegas, almas afines, pero igualmente me gusta dirigir y tomar decisiones.Aunque no pueda dibujar porque cuando termino los cursos me rompo la mano.Aunque cuando intente hacer esquemas de preproducción la biblioteca esté cerrada por no sé qué Asunción de María.
El cine que busco podría perfectamente llamarse Cine Judo. No importa el nombre, seguro que esta filosofía que expongo ya existe. Suelo ser bastante descreído con la industria y los métodos cinematográficos imperantes hoy en día. Hace años estaba en bachillerato artístico y vinieron unas personas de nosequé productora con un montón de cachivaches que no cabían por los pasillos del instituto. Bueno, exagero, me refiero a que la mitad de la clase estaba literalmente para sostener y guardar los aparatos mientras la otra mitad se estrenaba a ciegas con un guión escaletado hasta la exasperación. Que técnicamente no se dejó nada al azar, eso no se lo quito a los que vinieron. La parte en que todos debíamos callar un minuto para registrar el sonido ambiente del salón de actos fue preciosa. Supongo que soy un tipo muy auditivo.
["Stalker" de Andrei Tarkovski es lenta, pero una experiencia única, tanto como "2001"].
A decir verdad, tampoco me alejé tanto del arte, ya que gracias a que las clases diarias me quitaban todo el tiempo para pensar en proyectos audiovisuales, me vi obligado (o me permití, según como se mire) a centrarme en relatos breves, y demás manifestaciones literarias. Incluso comencé una obra teatral. Además, el abono transporte que pagaba mi padre para poder bajar a Madrid todos los días me concedió el privilegio de conocer en un par de eventos a la gente de LapizCero Ediciones. Unos meses ocupados, pero majísimos. Aunque suspendiera todas las materias, volvería a meterme en un curso para moverme.
Sin embargo, cuando al fin parecía que tendría tiempo para dibujar y lujuriear a gusto, voy y me rompo un metacarpo de la mano derecha. Justo había entrado en la plantilla del fanzine Ojo de Pez, y de la noche a la mañana me veo perdido en un desierto de posibilidades enterradas. Podrías decir: pues aún puedes escribir en un teclado con la izquierda. Cierto, realmente no me cuesta. Pero no me inspiro así, necesito ver el papel delante. Encender el ordenador como mucho para escuchar música y para pasar a limpio el manuscrito.
Aunque cuando me imagino a los 60 años me veo entre muchos libros (varios míos), siempre vuelvo al cine porque aún soy joven y percibo la literatura como una empresa demasiado solitaria. Hasta para mí. Realizar las películas que creo que deben existir me ayudará a encontrar "amiguitos para jugar". Al final todo se resume en eso. Entre los escritores también he encontrado fieles colegas, almas afines, pero igualmente me gusta dirigir y tomar decisiones.Aunque no pueda dibujar porque cuando termino los cursos me rompo la mano.Aunque cuando intente hacer esquemas de preproducción la biblioteca esté cerrada por no sé qué Asunción de María.
El cine que busco podría perfectamente llamarse Cine Judo. No importa el nombre, seguro que esta filosofía que expongo ya existe. Suelo ser bastante descreído con la industria y los métodos cinematográficos imperantes hoy en día. Hace años estaba en bachillerato artístico y vinieron unas personas de nosequé productora con un montón de cachivaches que no cabían por los pasillos del instituto. Bueno, exagero, me refiero a que la mitad de la clase estaba literalmente para sostener y guardar los aparatos mientras la otra mitad se estrenaba a ciegas con un guión escaletado hasta la exasperación. Que técnicamente no se dejó nada al azar, eso no se lo quito a los que vinieron. La parte en que todos debíamos callar un minuto para registrar el sonido ambiente del salón de actos fue preciosa. Supongo que soy un tipo muy auditivo.
["Stalker" de Andrei Tarkovski es lenta, pero una experiencia única, tanto como "2001"].
CINE JUDO
El Cine Judo evita los dogmas. Se grabaría como un documental, saltando encima de los obstáculos e integrándolos en la trama.
Unos ejemplos ilustrativos y marveleros:
* El increíble Hulk se lanza con furia asesina hacia Iron Man. Éste saca todo un arsenal de armas que se puede costear porque es multimillonario. Hay un gran estruendo de explosiones, pero de entre la humareda surge Hulk y derriba a Iron Man, que tiene que llamar a Máquina de Guerra para que le ayude. Finalmente vencen al coloso esmeralda después de dos números bimensuales y cuatro splash-pages. Así veo la industria mayoritaria del cine.
* Hulk se lanza contra la mutante Kitty Pride, que le basta con volverse intangible. El otro se da un coscorrón con lo de atrás. Fin. Así se puede alcanzar un cine más natural y auténtico.
Otro ejemplo mejor aún:
Una vez unos amigos y yo grabamos un corto medio improvisado. Era informal a más no poder. En una escena, dos personajes se reencontraban tras dos años sin verse. Apenas intercambiaron dos frases de alegría, cuando un camión empezó a tapar las voces con el pitido de la marcha atrás: PIII, PIII, PIIII. Más aún, retrocedió hasta colocarse en el mismo centro de nuestro encuadre. La toma no podía ser más fallida. Pero era una comedia, y en vez de repetir todo, nos alejamos un poco y añadimos un diálogo que integraba lo extracotidiano en la trama:
- Entonces, ¿hacemos el plan?
- No te he oído ni te he entendido nada de lo que has dicho, pero vale...
- ¡Estupendo! ¡Vamos a hacerlo!
Después de todo, meter originalmente un camión en el guión sólo hubiera traido gastos y preocupaciones. La Vida nos regaló una escena de humor absurdo y aceptamos su regalo.
En eso se basa este tipo de film-making. En aceptar la realidad en vez de luchar contra ella. En grabar el funeral lloviendo a cántaros en vez de quedarse con la medición lumínica de ayer.
Por supuesto, hay excepciones. Alguna vez querrás hacer un drama de época y tendrás que vestir a la peña de Jane Austen. Está lo de la continuidad. Tampoco es hacerlo todo a las bravas. Coherencia, por favor. Pero si un pastor alemán abandonado se te cuela en el patio, aprovecha y grábalo husmeando. Luego vete a una manifestación, aunque no sea antisistema, y graba a unos policías de forma que no se le vea la cara a ninguno. Llama a ese actor de doblaje en prácticas que vive en Bilbao y pídele un take del poli diciéndole cosas en off al chucho. ¡Ya tienes un perro policía! Dicho así suena increíblemente cutre, pero hagamos un presupuesto hipotético.
Perro amaestrado ------------------- X EUROS
Actores uniformados ------------------- Y EUROS
Cátering para todos ------------------- Z EUROS
TOTAL : UN PORRÓN DE PASTA
Hay ciertas oquedades legales y/o morales que conviene tener en cuenta. Mucha gente empieza grabando al perro abandonado y termina pegándole un tiro para grabarlo a slow motion, ya pensando en lo espectacular que quedará con el contraplano del malo. Vamos a ver. Tienes el privilegio de contar con la imagen de un animal, pero el perro no es tuyo. Piensa en él como en una vaca sagrada. Igual con los policías. No recuerdo por qué, pero grabarlos inadecuadamente puede traerte problemas. Hasta la fecha nunca me ha preocupado porque en mis historias jamás salen polis, pero en cualquiera de los casos, si puedes sacar un actor con porte y actitud policial y que vaya de paisano, tendrás algo mil veces más expresivo que un tipo cualquiera, por más detallista que sea su uniforme.
Este método de trabajo bebe mucho de la corriente "Film & Run", pero a mí no me gusta lo de pixelar rostros anónimos. Quizá por haber nacido en el siglo XX la pixelización me parece desconcertante. Siendo yo pequeño, las únicas personas que podías ver pixeladas eran los criminales y los anónimos que testificaban contra criminales. Pero tiempo después, veías también bebés (¡oh dios, ahora no lo reconoceré si me lo cruzo por la calle!) y demás menores. No niego el derecho de los padres a evitar que la imagen de sus hijos sea vendida por televisión y en revistas. Niego que quede bien en una obra de ficción, donde si se ve una cabeza a cuadraditos te sales automáticamente de la ensoñación.
Pienso que por no andarse con remilgos en la producción, las películas resultantes pueden ser censuradas o vapuleadas durante mucho tiempo. Pero lo que yo sinceramente pienso es que dentro de cien años no importará. Pienso en la posteridad, no como meta para ser famoso, sino como listón por el que medir la valía de un concepto. Una obra artística puede ser incomprensible y polémica durante un tiempo, pero durante el resto de la historia, una vez sea aceptada, tendrá valor. En cambio, obras aceptables ahora, mañana estarán anticuadas. Y lo anticuado lo es para siempre. Dentro de un siglo todos los derechos de autor de las obras actuales habrán revocado. Entonces no importará si la chica que cruza corriendo la pantalla durante dos segundos tenía diecisiete años y trescientos sesenta y cuatro días, o si uno más.
Por supuesto, si un padre te interrumpe el plano para pegarte una paliza por haber sacado en plano a su bebé de apuestas facciones, es que no prestas atención y te lo mereces.
La música.
Si puede conseguirse, yo elegiré temas originales. Pero hay veces en las que conoces el tema perfecto, y es uno que ya existe y que costaría un riñón usarlo. Siempre puedes distribuir el cortometraje totalmente gratis, o cobrar exclusivamente el soporte físico en el que entregues las copias. Si no, sería ilegal por vender una obra ajena. Además de una falta de respeto. Lo malo es lo único que podrías registrar en la Propiedad Intelectual sería poco más que el guión. Y quizá algún avispado podría aprovechar ese vacío legal usando tu metraje para otros productos. Tampoco puedes participar en concursos. La verdad, no suele salir muy a cuenta. Pero ¿quién sabe? En un futuro una distribuidora puede fijarse en uno de los cortos con los que empezaste, siguiendo esta filosofía, y pagar los derechos de ese temita (que para ellos no es tan costoso), y así poder incluirlo como extra en el DVD de tu primer largometraje.
Unos ejemplos ilustrativos y marveleros:
* El increíble Hulk se lanza con furia asesina hacia Iron Man. Éste saca todo un arsenal de armas que se puede costear porque es multimillonario. Hay un gran estruendo de explosiones, pero de entre la humareda surge Hulk y derriba a Iron Man, que tiene que llamar a Máquina de Guerra para que le ayude. Finalmente vencen al coloso esmeralda después de dos números bimensuales y cuatro splash-pages. Así veo la industria mayoritaria del cine.
* Hulk se lanza contra la mutante Kitty Pride, que le basta con volverse intangible. El otro se da un coscorrón con lo de atrás. Fin. Así se puede alcanzar un cine más natural y auténtico.
Otro ejemplo mejor aún:
Una vez unos amigos y yo grabamos un corto medio improvisado. Era informal a más no poder. En una escena, dos personajes se reencontraban tras dos años sin verse. Apenas intercambiaron dos frases de alegría, cuando un camión empezó a tapar las voces con el pitido de la marcha atrás: PIII, PIII, PIIII. Más aún, retrocedió hasta colocarse en el mismo centro de nuestro encuadre. La toma no podía ser más fallida. Pero era una comedia, y en vez de repetir todo, nos alejamos un poco y añadimos un diálogo que integraba lo extracotidiano en la trama:
- Entonces, ¿hacemos el plan?
- No te he oído ni te he entendido nada de lo que has dicho, pero vale...
- ¡Estupendo! ¡Vamos a hacerlo!
Después de todo, meter originalmente un camión en el guión sólo hubiera traido gastos y preocupaciones. La Vida nos regaló una escena de humor absurdo y aceptamos su regalo.
En eso se basa este tipo de film-making. En aceptar la realidad en vez de luchar contra ella. En grabar el funeral lloviendo a cántaros en vez de quedarse con la medición lumínica de ayer.
Por supuesto, hay excepciones. Alguna vez querrás hacer un drama de época y tendrás que vestir a la peña de Jane Austen. Está lo de la continuidad. Tampoco es hacerlo todo a las bravas. Coherencia, por favor. Pero si un pastor alemán abandonado se te cuela en el patio, aprovecha y grábalo husmeando. Luego vete a una manifestación, aunque no sea antisistema, y graba a unos policías de forma que no se le vea la cara a ninguno. Llama a ese actor de doblaje en prácticas que vive en Bilbao y pídele un take del poli diciéndole cosas en off al chucho. ¡Ya tienes un perro policía! Dicho así suena increíblemente cutre, pero hagamos un presupuesto hipotético.
Perro amaestrado ------------------- X EUROS
Actores uniformados ------------------- Y EUROS
Cátering para todos ------------------- Z EUROS
TOTAL : UN PORRÓN DE PASTA
Hay ciertas oquedades legales y/o morales que conviene tener en cuenta. Mucha gente empieza grabando al perro abandonado y termina pegándole un tiro para grabarlo a slow motion, ya pensando en lo espectacular que quedará con el contraplano del malo. Vamos a ver. Tienes el privilegio de contar con la imagen de un animal, pero el perro no es tuyo. Piensa en él como en una vaca sagrada. Igual con los policías. No recuerdo por qué, pero grabarlos inadecuadamente puede traerte problemas. Hasta la fecha nunca me ha preocupado porque en mis historias jamás salen polis, pero en cualquiera de los casos, si puedes sacar un actor con porte y actitud policial y que vaya de paisano, tendrás algo mil veces más expresivo que un tipo cualquiera, por más detallista que sea su uniforme.
Este método de trabajo bebe mucho de la corriente "Film & Run", pero a mí no me gusta lo de pixelar rostros anónimos. Quizá por haber nacido en el siglo XX la pixelización me parece desconcertante. Siendo yo pequeño, las únicas personas que podías ver pixeladas eran los criminales y los anónimos que testificaban contra criminales. Pero tiempo después, veías también bebés (¡oh dios, ahora no lo reconoceré si me lo cruzo por la calle!) y demás menores. No niego el derecho de los padres a evitar que la imagen de sus hijos sea vendida por televisión y en revistas. Niego que quede bien en una obra de ficción, donde si se ve una cabeza a cuadraditos te sales automáticamente de la ensoñación.
Pienso que por no andarse con remilgos en la producción, las películas resultantes pueden ser censuradas o vapuleadas durante mucho tiempo. Pero lo que yo sinceramente pienso es que dentro de cien años no importará. Pienso en la posteridad, no como meta para ser famoso, sino como listón por el que medir la valía de un concepto. Una obra artística puede ser incomprensible y polémica durante un tiempo, pero durante el resto de la historia, una vez sea aceptada, tendrá valor. En cambio, obras aceptables ahora, mañana estarán anticuadas. Y lo anticuado lo es para siempre. Dentro de un siglo todos los derechos de autor de las obras actuales habrán revocado. Entonces no importará si la chica que cruza corriendo la pantalla durante dos segundos tenía diecisiete años y trescientos sesenta y cuatro días, o si uno más.
Por supuesto, si un padre te interrumpe el plano para pegarte una paliza por haber sacado en plano a su bebé de apuestas facciones, es que no prestas atención y te lo mereces.
La música.
Si puede conseguirse, yo elegiré temas originales. Pero hay veces en las que conoces el tema perfecto, y es uno que ya existe y que costaría un riñón usarlo. Siempre puedes distribuir el cortometraje totalmente gratis, o cobrar exclusivamente el soporte físico en el que entregues las copias. Si no, sería ilegal por vender una obra ajena. Además de una falta de respeto. Lo malo es lo único que podrías registrar en la Propiedad Intelectual sería poco más que el guión. Y quizá algún avispado podría aprovechar ese vacío legal usando tu metraje para otros productos. Tampoco puedes participar en concursos. La verdad, no suele salir muy a cuenta. Pero ¿quién sabe? En un futuro una distribuidora puede fijarse en uno de los cortos con los que empezaste, siguiendo esta filosofía, y pagar los derechos de ese temita (que para ellos no es tan costoso), y así poder incluirlo como extra en el DVD de tu primer largometraje.
Desde luego, si te quedas en ese bloqueo de no poder hacer cortos con una ambientación musical decente, tarde o temprano vas a abandonar. Sería una pena dejar morir tu talento por una industria "sólo de lectura" que dentro de cien años se verá como un lastre para el mundo cultural.
Y si no, puedes pasar la gorra. Un donativo para poder seguir produciendo no se puede confundir con piratería.
Sí, ya sé, cutre, cutre. Pero tengo la fuerza de la autenticidad.
Y si no, puedes pasar la gorra. Un donativo para poder seguir produciendo no se puede confundir con piratería.
Sí, ya sé, cutre, cutre. Pero tengo la fuerza de la autenticidad.
viernes, 10 de junio de 2011
Jodorowsky la lía parda en el Cine Doré
Alejandro Jodorowsky dio un coloquio en la Filmoteca de Madrid tras proyectarse su largometraje "The Holy Mountain (La Montaña Sagrada)". Yo estaba encantadísimo porque leí su libro La Danza de la Realidad y lo flipé en chiribitas. Pero entre el público estuve rodeado de personas que se indignaron ante la actitud de la película y la propia personalidad del tipo. Se quedaban con los brazos cruzados y el maxilar inferior en tensión, esperando a ver qué soltaba para replicar con un ¡hum!
Muchas manos se levantaron para preguntarle cosas a las que Jodorowsky dio la vuelta (paradójicamente) de forma acertada. Podía parecer que a veces se burlaba de su público, pero al salir de la sala puedes pensar en frío del todo y darte cuenta de que sólo se ríe de sus egos, a ver si despierta lo otro.
Un joven mencionó que no soportaba la violencia. OjoDOro respondió: "¿Sabes por qué no soportas la violencia? Porque eres violento. Antes leyendo las citas del libro nos querías ametrallar a todos leyendo tan deprisa." Esto, leído así sin contexto, parece que le está haciendo delante de todos una de esas "corbatas" de Colombia, de abrir el cráneo y cagar dentro. Pero escuchándole en vivo, con atención, puedes llegar a darte cuenta de que en ningún momento hay saña, ni más intentos de quedar por encima de los demás que el normal que corresponde a quien lleva un coloquio de director. Al comentario de "porque eres violento", una antigua tarotista que se me sentaba cerca susurró: "¡Eso no se puede decir en público!" Esto es porque (supongo que será cierto) si alguien te echa el tarot y descubre algo sobre tu pasado que puede hacer que te pongas en guardia, no lo mencionará para no interrumpir el flujo del proceso.
Parece que a Jodorowsky no le importa que te sientas mal con sus opiniones. Probablemente sea su objetivo esencial: no el joderte, sino el removerte por dentro hasta que sepas POR QUÉ te sientes así. Como cuando una pestaña se te cae en el ojo y no puedes abrirlo hasta que haces un montón de muecas y tonterías aparentes frente al espejo.
Parece que a Jodorowsky no le importa que te sientas mal con sus opiniones. Probablemente sea su objetivo esencial: no el joderte, sino el removerte por dentro hasta que sepas POR QUÉ te sientes así. Como cuando una pestaña se te cae en el ojo y no puedes abrirlo hasta que haces un montón de muecas y tonterías aparentes frente al espejo.
A una chica que se balanceaba mientras le hacía una pregunta, le dijo así por las buenas que si se balanceaba estaba loca, y se puso a imitar sus vaivenes hasta que la chica se fue indignada. Aunque la chica demostrase a posteriori ser una niña pequeña mentalmente, dudo que conviniera que la tratase como tal. No al menos delante de todo el aforo del Cine Doré. ¡Es que lo vas buscando!
En conclusión (¿tengo que dar una conclusión para terminar el artículo?): el tipo me sigue cayendo muy bien, pero no me extraña que los obcecados le quieran pegar.
PD:
Y bueno, al día siguiente presentaba su último libro en la Casa de América. En la entrada que da a la Cibeles me dijeron: "Tira todo a la derecha hasta dar con la entrada opuesta". Al llegar, la fila ya era interminable. Acabé en la otra punta de la manzana. Vamos, que el guardia de seguridad/conserje me hubiera hecho un favor diciéndome: "Unos metros a la izquierda." Al menos pasé casi una hora de interesante y estimulante charla con una psicóloga, una antigua actriz de doblaje y criaturas varias del Señor. Pero como debido al aforo limitado no pude entrar, no haré ninguna entrada llamada "Jodorowsky la lía parda en la Casa de América".
miércoles, 4 de mayo de 2011
Castillos en el Aire 102: con Víctor Pintado y Laura Morales
Post del evento con fotos y todo:
http://blogcastillosenelaire21.blogspot.com/2011/05/programa-102-en-el-que-recibimos-la.html
Para descargar el programa en mp3:
http://www.mediafire.com/file/4dcophysf1dojce/castillos_aire_3.1_programa_102_30_02_05_2011.mp3
Qué pena, ya acabó. Ojalá hubiera durado más. Y sin embargo, empezó hace una semana.
No recuerdo cómo se lió la cosa (supongo que por mi capítulo de la radionovela Malditos), pero quedé con Laura Morales en ir al estudio de Radio 21 en Navas del Rey. Llovía tanto, que parecía que no íbamos a encontrar el edificio. El GPS no es infalible. Al menos deducimos que frente a la huerta del caballo no era.
Creía que iba estar más nervioso, pero me sentí mejor que en mi propia casa. Se me hizo tan corto que si no fuera porque Laura me dio un marcapáginas de su inminente novela fantástica "La Profecía", y porque el programa está grabado en mp3, dudaría de si realmente tuve esta aventurilla tan completa en tan pocas horas.
Al salir de Navas, el sol refulgía: no hubo que ponerle manguitos a las ruedas del coche.
A través de unas tímidas nubes, el sol me iluminó de oreja a oreja.
Ah, y ya sé qué es lo que quiero ser en la vida.
Ya sé qué he sido desde siempre.
Un escritor.
http://blogcastillosenelaire21.blogspot.com/2011/05/programa-102-en-el-que-recibimos-la.html
Para descargar el programa en mp3:
http://www.mediafire.com/file/4dcophysf1dojce/castillos_aire_3.1_programa_102_30_02_05_2011.mp3
Qué pena, ya acabó. Ojalá hubiera durado más. Y sin embargo, empezó hace una semana.
No recuerdo cómo se lió la cosa (supongo que por mi capítulo de la radionovela Malditos), pero quedé con Laura Morales en ir al estudio de Radio 21 en Navas del Rey. Llovía tanto, que parecía que no íbamos a encontrar el edificio. El GPS no es infalible. Al menos deducimos que frente a la huerta del caballo no era.
Creía que iba estar más nervioso, pero me sentí mejor que en mi propia casa. Se me hizo tan corto que si no fuera porque Laura me dio un marcapáginas de su inminente novela fantástica "La Profecía", y porque el programa está grabado en mp3, dudaría de si realmente tuve esta aventurilla tan completa en tan pocas horas.
Al salir de Navas, el sol refulgía: no hubo que ponerle manguitos a las ruedas del coche.
A través de unas tímidas nubes, el sol me iluminó de oreja a oreja.
Ah, y ya sé qué es lo que quiero ser en la vida.
Ya sé qué he sido desde siempre.
Un escritor.
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