sábado, 30 de abril de 2011

Satirrama vuelve

No hay programa nuevo aún, pero la cosa va en camino.
Mientras, he resubido los 4 primeros podcasts del verano pasado en mi cuenta de AudioRacoon:
http://audioracoon.com/buscar?autor=98&canal=1

jueves, 21 de abril de 2011

¡Son zombies, son zombies! LEÍDO

Para escucharlo leído por mí:
http://audioracoon.com/audios/ficha/%C2%A1son-zombies-son-zombies/491

La marabunta de monstruos subía rápidamente por las escaleras del viejo edificio. Por más que les disparaba al corazón, se levantaban como si nada. ¿Por qué me perseguían? ¿Y por qué no se mueren?

Aseguré los cerrojos de la puerta, algunos destrozados. Quizá hubiera sido buena idea entrar en el apartamento sin forzar la puerta. Parapetándome tras el sofá con mi escopeta, esperé a que todo terminase rápido. La estampida pasó de largo hacia las plantas superiores. Podría despistarles si escapaba en ese preciso momento.

Legañoso, el anciano dueño del piso salió de un dormitorio. Ni siquiera llevaba la dentadura postiza. Mientras yo salía por la puerta, aulló:

— ¡Ouuuuuuuuaaaaaaa!

Me persiguió escaleras abajo, hasta que le perdí callejeando.

Horas después, me refugié en una fábrica aparentemente abandonada. Pude descansar durante esa noche, pero al amanecer desperté sobresaltado por el ruido seco de una llave abriendo el portón. Los dueños de la fábrica me habían sorprendido aún durmiendo. Les tumbé disparándoles a la altura de las billeteras. Eso me dio tiempo para recoger mis cosas y huir. Ya saltando la valla, los hombres se levantaron, chillando:

— ¡Okuuuuuupaaaaaaa!

Radio Sepelio [Radioteatro]

Entra la sintonía de inicio de un programa.

ÁNGEL
[Muy animado y alegre]
¡Bienvenidos a Radio Sepelio, la radio del cementerio!
Durante las próximas seis horas,
disfrutaremos de una selección musical acorde
a los momentos que nuestros oyentes deben estar pasando.
Este programa está patrocinado por...
ah, pero antes, debo decir que estoy orgulloso
porque desde el programa de hoy,
cuento con la compañía
del nuevo modelo experimental Matilde-47,
un androide con inteligencia artificial,
cuyas inteligentes réplicas amenizarán nuestra tarde.
¿Qué tal, Matilde?

MATILDE-47
[Siempre apagada y sin emociones]
No es Matilde, es Matilde-47.

ÁNGEL
[Se ríe]
Ay, qué adorable...
De acuerdo, Matilde-47,
no te llamaremos de otra forma.
¿Qué opinas de que vayan a construir
un colegio privado en una vía pecuaria?

MATILDE-47
Eso es irrelevante en este contexto radiofónico.
Por lo demás, es una contradicción en sí misma:
un verdadero colegio no puede ser privado.
Correría el riesgo de perder la imparcialidad y autodeterminación
necesarias en un centro educativo,
y pasaría a ser un centro adoctrinario.

ÁNGEL
¡Mira como habla!
¡Menudo piquito de oro tiene este robot!

MATILDE-47
Robot no, androide.
Ciñámonos al tema de este programa de radio
y que empiece la música.

ÁNGEL
Jejeje, pues que empiece: ¡dentro música!


Empieza a oirse música de fondo, y a los pocos segundos entra a la sala el director de la emisora. Tienen una conversación fuera de antena.

DIRECTOR
Ángel, quería hablar contigo.

ÁNGEL
¿Sí, director?

DIRECTOR
Verás, Matilde-47 no te va a acompañar
en todos los programas.

ÁNGEL
¿No? ¿Sólo ha venido de invitada?

ÁNGEL
Digamos que... esto es Radio Sepelio.

ÁNGEL
Sí.

DIRECTOR
La radio del cementerio.

ÁNGEL
Sí.

DIRECTOR
No sabes por dónde voy, ¿verdad?

MATILDE-47
Yo sí lo sé.

DIRECTOR
Gracias, Matilde... esto es una conversación privada.

MATILDE-47
Es Matilde-47.

DIRECTOR
Verás, Ángel. Eres demasiado fogoso
para una cadena especializada en tanatorios.
A partir de ahora ya no contamos con tus servicios.

ÁNGEL
¿Qué? ¡Pero... pero si lo he dado todo por esta radio!
¡El cien por cien! ¡El cuatrocientos por cien!

DIRECTOR
Y muchos oyentes se han quejado de que
el funeral de sus seres queridos parecía un maldito circo.
No, Ángel, con un cuarenta por ciento bastaba.
Por eso la nueva presentadora será Matilde-47.

ÁNGEL
[Indignado]
¡¿Esta robota?!

MATILDE-47
Robota no, androide.

ÁNGEL
¡Cállate! Ahora veréis todos:
¡le diré al técnico que me ponga en el aire
y diré a la audiencia todo lo que está pasando!

DIRECTOR
Olvidas que esta tarde el técnico soy yo.
¡Matilde-47, ponlo en el aire!

ÁNGEL
¡No, robot del demonio!
¡Poner en el aire no es que me alces con los brazos!
¡Ni que abras la ventana!
¡Ni que me tireeeeeeeeees...!



La música se atenúa hasta un silencio momentáneo.
Entra la sintonía de inicio.

MATILDE-47
[Sin emoción]
Bienvenidos un día más a Radio Sepelio,
la radio del cementerio. Durante las próximas seis horas,
disfrutaremos de una selección musical acorde
a los momentos que nuestros oyentes deben estar pasando.
Un saludo para Ángel,
cuyos familiares nos estarán ahora escuchando.
Este programa está patrocinado por
Tanatorios Cogollo, de la cuna al hoyo.

El Chico Relampagueante [Ganador del Concurso de Microrrelatos Superheróicos de Castillos en el Aire]

Para escucharlo leído por mí:
http://audioracoon.com/audios/ficha/el-chico-relampagueante/489

Ilustración en:

http://victorpintado.deviantart.com/art/El-Chico-Relampagueante-198428954

EL CHICO RELAMPAGUEANTE

En vez de poder acelerar mi percepción y moverme en un plano en el que un segundo equivale a un minuto, hubiera preferido tener superoído o superfuerza. Así no habría despertado colgando de un arnés en la presa, atado a una bomba de relojería. Seguro que fue el Doctor Estronguer, tan rebuscado él. Y eso que ni debe tener el doctorado. La cuenta atrás marca tres minutos y siete segundos. Como acto reflejo, ralentizo el tiempo para contar con tres horas y siete minutos. Quizá sea suficiente para idear una solución.

Tres horas después, estoy igual y sólo me quedan siete minutos: no encontré salvación posible. Estoy tentado de regresar al tiempo normal para no alargar esta tortura. Sólo siete segundos. Eso no es nada. Pero... no quiero morir todavía. Podría hacer un esfuerzo final: multiplicar mis poderes y convertir estos siete minutos, ¡no, seis!, estos seis minutos en al menos tres horas más. Pero, ¿y si me desmayo y la explosión me desgarra lentamente? Prefiero que me mate al instante. Vamos allá. Vamos. A la una, a las dos... a las dos... ¡Ánimo, Carlos, que no te llamen “El Chico Relampagueante” por nada!
¡Ya!
Cinco, cuatro, tres, dos...
¡Maldito “Desactivador Alado”! ¿Por qué los superhéroes siempre llegan en el último segundo?

Hojas de lampazo

Aún recuerdo aquellas hojas de lampazo que en mi infancia, se llevaron todo lo impuro que hubo en mí. No había papel higiénico, así que toda la aldea confiaba en ellas. Su textura apelusada nos trasladaba a mundos de algodón verde. Además, como si de magia se tratara, las propiedades medicinales de la planta nos prevenían de dolencias que en cambio los ricachones del pueblo de al lado sí padecían. Nuestras hojas no eran como ese "papel elefante". Daba igual que nosotros no pudiéramos recortar elefantes amarillentos. Podíamos recortar verdes serpientes, cocodrilos. Incluso leones, si nos daba la gana. Y aunque mis posaderas encontraron un nuevo amor, siempre recordé las hojas de lampazo que poblaban mi aldea.

Ayer regresé, con una tonelada de papel higiénico para los pocos vecinos que aún conservaban allí su casita.
- ¿Qué ha sido de los lampazos? -pregunté al Tío Mario. Él me respondió que un científico de unos laboratorios se había llevado los desvelos de nuestros abonos. Sus raíces eran demasiado valiosas para permanecer en este pozo de soledad. Lloramos amargamente lágrimas verdes, que nos sonamos con papel higiénico. Entonces el Tío Mario empezó a susurrar:
"Aún recuerdo aquellas piedras que en mi infancia..."

El secreto de Laura Gallego

Los fans acosaron a Laura Gallego, persiguiéndola a través de los vagones del metro de Madrid. En la estación de Sol, ella se volvió:
— Dinos cuándo vas a hacer la continuación de Memorias de Idhún.
— Ya os lo he dicho millones de veces, MDI finalizó del todo.
— Queremos saber lo que pasó después...
— No. Vosotros no queréis saberlo.
— ... Sí... Sí que queremos. Por eso te hemos venido siguiendo desde Gran Vía.
— Está bien. Vosotros lo habéis querido.
Bajaron de nuevo al andén. Laura sacó su libreta y escribió en varias de sus hojas, una por cada fan.
— Jurad que cuando lo leáis, os comeréis cada uno vuestra hoja.
— Lo juramos por Alma.
Cada uno leyó su hojita arrancada. Empezaron a tener convulsiones, engulleron sus secretos escritos y se arrojaron a la vía justo antes de que el tren pasara. Llorando, Gallego se prometió a sí misma jamás volver a desvelar el secreto del final de sus personajes.

22/11/2010
Informe Forense Suplementario.
Además de los indicios detallados en el anterior informe, se han hallado en el estómago de las víctimas copias de un mismo mensaje manuscrito. Se ha procedido a transcribir el mensaje íntegro mediante una reconstrucción reconstruida desde todos los fragmentos encontrados. El texto resulta críptico para nuestros expertos:
“Victoria tuvo muchos hijos, que se mataron entre ellos por odio racial. Jack acabó convirtiéndose en un bombero corrupto, pues él mismo provacaba los incendios. Y dejo lo más horrible para el final: Chris hizo playback todo el tiempo.”

Oradora

Quizá os sorprenda mi voz de hombre. A vuestros guerreros también les extrañaba. Por un derrumbamiento, era el único varón de mi tribu. Hasta que nos encontrásteis y nos acogísteis. Y de repente me convertí en el bebé. ¡Los bebés érais vosotros, arrastrándoos bajo ídolos ciegos! Mi madre en cambio era sabia: incluso atraía la caza con sus pinturas. La relegásteis durante un tiempo a enterradora.

Os reísteis de mí cuando me negué a marchar de caza con los demás. También cuando regresaron y quise participar en la gran orgía reservada para ellos. Ese cazador que nunca había venido a oír historias de la oradora, ese, quería yacer con mi querida, con aquella compañera de infancia que conocía desde antes del desastre. Era mía. Supongo que mi error fue buscar pelea con el mejor guerrero... No. Mi error fue pensar que sería una pelea justa. Al menos morí como un hombre. Tramposo.

Tramposo. No se asusten por el sonido de mi voz. Ahora escucháis de nuevo la voz de una madre doliente. Una madre que tuvo que enterrar a su propio hijo. Una vieja cuyos cuentos nadie cree. Un cuenco roto. Que sin embargo, alberga dos espíritus.

Para Rosa

"Para Rosa, porque en una sola caben todas las primaveras." Eso es lo que me escribió Antonio Gala en su primera dedicatoria.
"Para Rosa, porque en una sola caben todas las primaveras", me firmó al año siguiente. Ya verás lo que me va a poner el año que viene.
"Para Fulgencia, con cariño."