Un profesor del centro cultural no paraba de acariciarle los mofletes a un niño gordo; con fruición, como a un perro. Desde la otra punta del pasillo se veía que el chaval se sentía incómodo. Y el otro seguía, y venga, y dale. El pobre niño se excusó:
—Me tengo que ir porque mi madre...
—¡Pues corre! —le espoleó el profesor, con una sonrisa que de tan inconsciente era cruel.
El niño se lanzó a correr hasta la puerta a un metro y medio de distancia. Casi tropezándose con el aire. Sudando vergüenza indefensa.
Yo no le dije al profesor:
—¿Es que no se ha dado cuenta de que el niño estaba sintiéndose humillado? No vuelva a frotarle los mofletes así jamás, ¡jamás!
Si se lo hubiera dicho, encima el desagradable hubiera sido yo.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Reseña: “Pensamientos impuros” (Xurxo Borrazás)
Conocí el nombre de este autor durante una búsqueda de documentación para uno de mis cuentos. Necesitaba una lista de autores que coincidieran en las primeras tres letras del apellido con Borges. Entre otros anoté a Borrazás, sin pensar en que unos meses después encontraría una novedad suya.
Lo primero que me impactó es la cubierta. Una silueta femenina blanca sobre fondo verde rural. Pero lo primero que me impactó, de verdad, es que el original es en gallego. Qué exótico. Vergüenza me da haber leído cientos de novelas de lo anglosajón y no haber prestado atención a parte de la literatura patria, sólo por hablar distinto.
Se publicó en el 2002, pero esta traducción al castellano era del 2008 (y con un par de faltas de ortografía).
Empieza con una graciosa reflexión sobre termitas que vendrían desde el Más Allá para hacerle a Juan Ramón Jiménez el favor de hacer desaparecer sus imperfectas obras. Enseguida comienzan a meter baza los amigos y familiares del autor, o de su trasunto literario (pues todos nos “trasuntamos” pero pocos con éxito). Me sentía como con los libros de Hernán Casciari: esa habilidad para transformar lo cotidiano en una circunstancia mágica e irrepetible. Las (no tan “malas”) incursiones de Marta me recordaban a los escritos minimalistas de una colega. Como se dice en la ¿novela?, se le injerta un esqueje de peral al manzano y da peras, pero al árbol se le sigue llamando manzano.
Entre las breves piezas intercaladas hay que mencionar la del manuscrito hallado que habla de un maniquí utilizado como espantapájaros. ¡Claro, de aquí venía la ilustración de cubierta! No obstante, las historias de Xes o Pancho me calaron mucho más, debe ser por simpatía (“¿Por qué cojones tengo yo que contarle mi vida al primer sustituto con capacidad para citar nombres de fármacos y firmarlos de forma ilegible?”) o porque de verdad me pareció que le daban al narrador tantos dolores de cabeza como un antagonista.
A partir del segundo quinto del libro la estructura de intervenciones y reflexiones tiende a repetirse, sin que decaiga el interés. Al contrario, ¡los acabas queriendo como a amigos! Incluso quieres viajar a Galicia.
Gracias, Xurxiño. No sé si sonará mal, pero estoy deseando que se me olvide el libro para poder leerlo de nuevo.
Lo primero que me impactó es la cubierta. Una silueta femenina blanca sobre fondo verde rural. Pero lo primero que me impactó, de verdad, es que el original es en gallego. Qué exótico. Vergüenza me da haber leído cientos de novelas de lo anglosajón y no haber prestado atención a parte de la literatura patria, sólo por hablar distinto.
Se publicó en el 2002, pero esta traducción al castellano era del 2008 (y con un par de faltas de ortografía).
Empieza con una graciosa reflexión sobre termitas que vendrían desde el Más Allá para hacerle a Juan Ramón Jiménez el favor de hacer desaparecer sus imperfectas obras. Enseguida comienzan a meter baza los amigos y familiares del autor, o de su trasunto literario (pues todos nos “trasuntamos” pero pocos con éxito). Me sentía como con los libros de Hernán Casciari: esa habilidad para transformar lo cotidiano en una circunstancia mágica e irrepetible. Las (no tan “malas”) incursiones de Marta me recordaban a los escritos minimalistas de una colega. Como se dice en la ¿novela?, se le injerta un esqueje de peral al manzano y da peras, pero al árbol se le sigue llamando manzano.
Entre las breves piezas intercaladas hay que mencionar la del manuscrito hallado que habla de un maniquí utilizado como espantapájaros. ¡Claro, de aquí venía la ilustración de cubierta! No obstante, las historias de Xes o Pancho me calaron mucho más, debe ser por simpatía (“¿Por qué cojones tengo yo que contarle mi vida al primer sustituto con capacidad para citar nombres de fármacos y firmarlos de forma ilegible?”) o porque de verdad me pareció que le daban al narrador tantos dolores de cabeza como un antagonista.
A partir del segundo quinto del libro la estructura de intervenciones y reflexiones tiende a repetirse, sin que decaiga el interés. Al contrario, ¡los acabas queriendo como a amigos! Incluso quieres viajar a Galicia.
Gracias, Xurxiño. No sé si sonará mal, pero estoy deseando que se me olvide el libro para poder leerlo de nuevo.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Lecturas en Villalba: 23N
Próximo viernes 23 en Villalba. Sólo ante el peligro. Yo contra el público... LEYENDO.
https://www.facebook.com/events/189093421215311/
https://www.facebook.com/events/189093421215311/
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Poema a Javier Fernández Jiménez (que cumple años hoy)
Un prolífico poeta
de cajón a reventar
decidió ir a publicar
al más próximo planeta.
Aprendió artes marcianas
y la métrica solar,
y en un Café Colonial
despertaba a la mañana.
Y con letras a su espalda
a los mil años llegó,
más de poco le sirvió
cuando vio aquella falda.
—¿Quién tú eres?, —preguntóla—,
¿cuál tu bello nombre es?
—Yo soy la madame Ciempiés,
y de siempre he estado sola.
—Arrebújate, morena,
que de esta no te escapas,
pues de todas las chulapas
tú eres la que está más buena.
De repente sus poemas
fueron todos asquerosos,
no llegaban a los posos
del café de la doncella.
Pero convirtiendo en musa,
"amusando" a la ciempiés,
escribió de tres en tres
versos nunca más basura.
de cajón a reventar
decidió ir a publicar
al más próximo planeta.
Aprendió artes marcianas
y la métrica solar,
y en un Café Colonial
despertaba a la mañana.
Y con letras a su espalda
a los mil años llegó,
más de poco le sirvió
cuando vio aquella falda.
—¿Quién tú eres?, —preguntóla—,
¿cuál tu bello nombre es?
—Yo soy la madame Ciempiés,
y de siempre he estado sola.
—Arrebújate, morena,
que de esta no te escapas,
pues de todas las chulapas
tú eres la que está más buena.
De repente sus poemas
fueron todos asquerosos,
no llegaban a los posos
del café de la doncella.
Pero convirtiendo en musa,
"amusando" a la ciempiés,
escribió de tres en tres
versos nunca más basura.
domingo, 28 de octubre de 2012
El Celestino (Sátira sobre Fernando de Rojas y los versos acrósticos)
El autor dedica esta breve pieza a todos aquellos que fueron obligados a leer La Celestina sin ganas.
Varias veces nos han
Importunado
Con versos
Tontos que
Obviamente
Representan
Por sus
Iniciales el
Nombre del autor,
Tímido,
Astuto, o
Directamente
Obtuso.
ARGUMENTO DEL PRIMER ACTO DE ESTA SÁTIRA
En la España del año 1499, Fernando de Rojas se reune con su editor.
FERNANDO DE ROJAS.— ¿Se acuerda de aquella obra que le pedí que publicara como anónima?
EDITOR.— ¿Cómo no? ¡La “Comedia de Calisto y Melibea” es de lo más grande que hayamos editado!
FERNANDO DE ROJAS.— Precisamente... Me preguntaba si a partir de la siguiente edición podría salir mi nombre como el autor oficial.
EDITOR.— Verá... Don Fernando. ¿Puedo llamarle Don Fernando? Si ahora saliera su nombre como autor del libro, podrían suceder muchas cosas, ¡ninguna buena! Por ejemplo, podrían pedirle una continuación; y los protagonistas están muertos.
FERNANDO DE ROJAS.— No es problema, los sobrinos secretos de los protas podrían irse de viaje a las Américas, y allí enfrentarse a una bruja india o algo. En cuatro tardes lo tengo escrito.
EDITOR.— Lo que yo digo, ninguna buena. También pueden pensar que usted es un aprovechado que renegó de su criatura, pero que en cuanto se hizo famosa bien que la reconoció. No daría buena imagen. Pero lo más grave podría ser que, alegando una errata en la cubierta, ¡me pidieran que les devuelva el dinero de la primera edición!
FERNANDO DE ROJAS.— ¡Jopetas! ¡Si yo sólo quiero que me dejen de decir marrano por la calle! ¡Prefiero... “genio literario de ascendencia judeoconversa”!
EDITOR.— Humm... Si quiere que se le relacione con esta obra, le propongo otra idea...
***
ARGUMENTO DEL ACTO SEGUNDO
Han pasado unos ocho años. Fernando de Rojas se hace el interesante con una tía buena a quien le enseña un ejemplar de las nuevas ediciones, que traen unos versos acrósticos.
FERNANDO DE ROJAS.— Presta atención, mi reina de Talavera. ¿Qué se lee aquí si mira sólo la inicial de cada verso?
TÍA BUENA.— ¡Oh, Don Fernando! ¿Fue usted quien escribió “La Celestina”?
FERNANDO DE ROJAS.— No me cambie el título, querida...
***
ARGUMENTO DEL ACTO TERCERO
Fernando de Rojas está metido en un caldero en el Infierno, rodeado de diablejos.
FERNANDO DE ROJAS.— ¿Por qué estoy aquí? ¿Acaso por judaizante?
DIABLEJO.— No, ¡por usar acrósticos!
FIN DE
«EL CELESTINO»
sábado, 27 de octubre de 2012
"Hola, soy un fantasma" (siendo ilustrador de algo)
Desde hace un par de semanas soy el ilustrador
de la novela por entregas
"Hola, soy un fantasma",
de Pedro Avilés.
Para ver las ilustraciones:
http://victorpintado.deviantart.com/gallery/40140061
Página en FB del proyecto:
https://www.facebook.com/HolaSoyUnFantasma
¡Para leer los capítulos, por supuesto!:
http://www.pedroaviles.com/?cat=15
La Educación Prohibida (Germán Doin, Argentina, 2012)
Estaba en 5º de EGB. Tocaba Tutoría. Es decir, leer callados y quietos como muertos mientras la profesora aprovechaba los tres cuartos de hora para corregir exámenes. Yo quise aprovecharlos para hacer un cómic utilizando fotos de una revista (TelePrograma). La profesora me dijo amenazante que dejase de hacer tonterías, abrió un armario y me sacó un libro: "Apareció en mi ventana", de Alfredo Gómez Cerdá.
—Éste ya lo he leído —le dije sin pretensiones, tan sólo afirmando un hecho.
—¿Ah, sí? —replicó chulesca— A ver, ¿de qué va? ¡Y no vale leer la contraportada!
Le conté el libro de pe a pa. Sin saber cómo reaccionar, volvió al armario a por otro libro. Que por supuesto no me dio tiempo a terminar y tampoco me lo podía llevar; pero era leer medio libro o ponerse contra la pared.
Es un ejemplo personal de por qué he agradecido ver el documental "La Educación Prohibida" en la iniciativa La Biblioteca Proyecta de Collado Villalba. Al final de la proyección (versión acortada) se hizo un debate.
TRAILER
Además de la alegoría de la caverna de Platón, el documental ilustra el cuento de un jardinero que ansiaba tanto ver crecer sus plantas que tiraba de sus tallos pensando que con eso las ayudaba a desarrollarse. Pero morían. El ser humano nace con pasión por aprender, no hay que añadir ni intervenir en nada más que en cuidar que esa pasión no decaiga. Los bosques mejor conservados son los vírgenes. Tomando estas mismas imágenes, yo añadiría otra alegoría más, de cosecha propia:
Desde siempre hay un incendio en el bosque. A los niños se les entrega un leño para que "puedan defenderse". Pero el leño es tan pesado (e inútil, pues las fieras han huído) que sólo puede ser arrojado... y alimenta el fuego.
Ese incendio sólo existe mientras se le siga alimentando con maderos. Dejar de dárselos a los niños no implica que queden indefensos, sino que en el futuro ya no exista ese fuego tan amenazador. Un interés creado, artificial, innecesario y molesto. Quizá en su día ese incendio sirvió para alejar las manadas de lobos, pero ¡ya no hay lobos! Los leños ya no nos sirven a nosotros, sino al fuego.
Una de esas personas que entienden las cosas al revés dijo que tanta libertad es perniciosa, y que si no se guía a los niños para que aprendan las cosas bien, "cualquier cosa puede pasar".
—Precisamente, ¡cualquier cosa puede pasar! —repliqué yo, para remarcar que la misma moneda tenía dos caras, que lo imprevisto que pudiera surgir sería, lo más probablemente, más positivo. Al menos mejor que la mecánica actual de fábrica de morcillas.
En fin, es cierto que como en toda película, el documental tiene momentos pastelosos, pero ante todo es inspirador. Aunque sólo fuera, por el modo en que fue financiado, gracias al apoyo colectivo de 704 coproductores.
Este documental se distribuye con licencia copyleft. Puedes verla por internet gratis, descargarla, proyectarla donde quieras... ¡Aquí mismo, ¿por qué no?!
—Éste ya lo he leído —le dije sin pretensiones, tan sólo afirmando un hecho.
—¿Ah, sí? —replicó chulesca— A ver, ¿de qué va? ¡Y no vale leer la contraportada!
Le conté el libro de pe a pa. Sin saber cómo reaccionar, volvió al armario a por otro libro. Que por supuesto no me dio tiempo a terminar y tampoco me lo podía llevar; pero era leer medio libro o ponerse contra la pared.
Es un ejemplo personal de por qué he agradecido ver el documental "La Educación Prohibida" en la iniciativa La Biblioteca Proyecta de Collado Villalba. Al final de la proyección (versión acortada) se hizo un debate.
TRAILER
Además de la alegoría de la caverna de Platón, el documental ilustra el cuento de un jardinero que ansiaba tanto ver crecer sus plantas que tiraba de sus tallos pensando que con eso las ayudaba a desarrollarse. Pero morían. El ser humano nace con pasión por aprender, no hay que añadir ni intervenir en nada más que en cuidar que esa pasión no decaiga. Los bosques mejor conservados son los vírgenes. Tomando estas mismas imágenes, yo añadiría otra alegoría más, de cosecha propia:
Desde siempre hay un incendio en el bosque. A los niños se les entrega un leño para que "puedan defenderse". Pero el leño es tan pesado (e inútil, pues las fieras han huído) que sólo puede ser arrojado... y alimenta el fuego.
Ese incendio sólo existe mientras se le siga alimentando con maderos. Dejar de dárselos a los niños no implica que queden indefensos, sino que en el futuro ya no exista ese fuego tan amenazador. Un interés creado, artificial, innecesario y molesto. Quizá en su día ese incendio sirvió para alejar las manadas de lobos, pero ¡ya no hay lobos! Los leños ya no nos sirven a nosotros, sino al fuego.
Una de esas personas que entienden las cosas al revés dijo que tanta libertad es perniciosa, y que si no se guía a los niños para que aprendan las cosas bien, "cualquier cosa puede pasar".
—Precisamente, ¡cualquier cosa puede pasar! —repliqué yo, para remarcar que la misma moneda tenía dos caras, que lo imprevisto que pudiera surgir sería, lo más probablemente, más positivo. Al menos mejor que la mecánica actual de fábrica de morcillas.
En fin, es cierto que como en toda película, el documental tiene momentos pastelosos, pero ante todo es inspirador. Aunque sólo fuera, por el modo en que fue financiado, gracias al apoyo colectivo de 704 coproductores.
WEB OFICIAL
Este documental se distribuye con licencia copyleft. Puedes verla por internet gratis, descargarla, proyectarla donde quieras... ¡Aquí mismo, ¿por qué no?!
viernes, 26 de octubre de 2012
Marco y el retardante dramático
Me dio por ver "Marco, de los Apeninos a los Andes". No sé hasta donde llegaré, pero nada más en el primer capítulo ya hay un recurso narrativo de los gordos.
Lo llamo el retardante dramático.
Marco está enfadado con el mundo porque no le dijeron que su madre se iba a la Argentina. No quiere mostrar emociones, se cierra. Está con su familia en el puerto y de fondo suenan unos músicos genoveses. Su madre le pide una sonrisa. Nada. Su cara permanece rígida. De hecho, su perfil casi no cambia de fotograma, se mueve todo menos él. Pasan varios segundos, Marco se queda solo, atrás. Zoom lento. La música enmudece, sólo se perciben ruidos portuarios. El mismo perfil durante varios segundos.
De repente (cambio de plano a frontal semipicado), alza la cabeza con los ojos acuosos; atraviesa el gentío, y llora mientras se despide de su mamá y se va cayendo en todos los socavones del puerto.
Sin esa emoción ¡tan contenida! previa al zarpar del barco, la escena hubiera resultado una más del montón, la típica escena sensiblera. Hubiera parecido la recreación en la película conmemorativa de 1999. Pero al contenerse, agarra al espectador y retiene sus emociones, las comprime, haciendo que quieran estallar. Al primer MAMÁAA, el trabajo está hecho.
Las próximas dos entradas serán sobre el capítulo 4: "Marco contra Chicho Terremoto" (al menos por la voz), y "Amedio y la niña moñosa que le mira y dos horas después se pone a llorar porque se da cuenta de que un mico le está agarrando la mano".
No, es broma... Sólo tarda dos segundos.
Lo llamo el retardante dramático.
Marco está enfadado con el mundo porque no le dijeron que su madre se iba a la Argentina. No quiere mostrar emociones, se cierra. Está con su familia en el puerto y de fondo suenan unos músicos genoveses. Su madre le pide una sonrisa. Nada. Su cara permanece rígida. De hecho, su perfil casi no cambia de fotograma, se mueve todo menos él. Pasan varios segundos, Marco se queda solo, atrás. Zoom lento. La música enmudece, sólo se perciben ruidos portuarios. El mismo perfil durante varios segundos.
De repente (cambio de plano a frontal semipicado), alza la cabeza con los ojos acuosos; atraviesa el gentío, y llora mientras se despide de su mamá y se va cayendo en todos los socavones del puerto.
Sin esa emoción ¡tan contenida! previa al zarpar del barco, la escena hubiera resultado una más del montón, la típica escena sensiblera. Hubiera parecido la recreación en la película conmemorativa de 1999. Pero al contenerse, agarra al espectador y retiene sus emociones, las comprime, haciendo que quieran estallar. Al primer MAMÁAA, el trabajo está hecho.
Las próximas dos entradas serán sobre el capítulo 4: "Marco contra Chicho Terremoto" (al menos por la voz), y "Amedio y la niña moñosa que le mira y dos horas después se pone a llorar porque se da cuenta de que un mico le está agarrando la mano".
No, es broma... Sólo tarda dos segundos.
miércoles, 10 de octubre de 2012
SINOPSIS: Un mundo nuevo, ahora (Eckhart Tolle)
Eres imbécil. Tú no, tu ego. Tú no, tu ego. Tú no, tu ego.
SINOPSIS: El catolicismo explicado a las ovejas (Juan Eslava Galán)
A Dios lo que es de Dios, ¡pero sobre todo al César lo que es del César!
SINOPSIS: Historia de España contada para escépticos (Juan Eslava Galán)
Los animales gobiernan a los hombres.
SINOPSIS: Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven (Albert Espinosa)
Una señora empieza a decir una cosa muy interesante, pero tienes que esperarte casi 200 páginas para leerlo porque el protagonista se pone a rememorar su pasado.
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