domingo, 26 de febrero de 2012

LápizCero Ediciones: presentación/coloquio en Villalba

Normalmente, en la sala multiusos de la biblioteca pública Miguel Hernández (Collado Villalba) colocan la mesa en plan altar, al fondo pero paralelo con la pared. Los de LápizCero la colocaron de un modo mucho más estimulante: en diagonal contra un rincón. Además así el público se pudo sentar más a lo ancho y ninguna cabeza tapó a la de atrás. Puede que esta presentación siente precedente. Probando los microfonos y los altavoces, sonaron CHIRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIDOS. El conserje ¡y la concejala! trajeron más sillas azules por todo el aforo imprevisto. A la entrada, una mesa esperaba llena de títulos de la editorial, por autor, forma y color.

Fueron pasando y presentando sus títulos varios autores, así como recitando fragmentos significativos para ellos.

Momentos destacados:

“No olviden abrir la ventana del conocimiento
al moscardón que llevan todos ustedes dentro.” (Guillermo Escribano)

“...Destiñe el pésame de las palabras...” (Puri Martins)

La locutora de la COPE saliendo «voluntaria» a recitar un poema sobre la lujuria.

“Éste también es un poco fuerte.” (Malicia Cool)

“Lo escribí antes de la crisis; ya estaba, pero nadie la quería ver.” (Savio Ramogar)

Cuando recitaban poemas, eran acompañados por un músico que tocaba evocadores acordes con su piano electrónico.

El editor, Xavier Tusalle, hizo una presentación superbonita de un poeta, Antonio Alfeca... pero estaba en el baño. Unos segundos después, apareció por la puerta. Aprovechando entre que se sentaba y agarraba el libro para leer, yo me soné la nariz (dichosa calefacción invernal hipercompensatoria). Me soné tan fuerte que me salió sangre de la nariz y me tuve que ir al baño. Justo el baño de la planta baja estaba bloqueado por la señora de la limpieza (que siempre limpia en horas de estudio y los usuarios tenemos casi que levantar los pies cuando friega), así que tuve que subir las escaleras hacia los aseos del primer piso. Por suerte, regresé a tiempo de ver a Alfeca cantando una parodia de «Oh Sole Mio»: “Ooh sueeeeeeeeldo míiiiiioooooo”. Tiene voz para la zarzuela. Estaba a medio metro del micrófono y se oía como lo mejor que puedas imaginar.

Cuando presentaron al último autor, unas seis personas se fueron. Espero que fuera por hacérseles tarde, si no, pobre Angulo.

A última hora, el editor sacó un trozo de papel alargado y dijo:
«Me pasan una nota: “Marta quiere leer un poema”.»
Entonces salió con un folio una niña muy mona y recitó sus versos infantiles acompañada al piano y todo, mientras una sonrisa tierna invadía los corazones de todos los asistentes. Así acabó el evento. Se vendió más de un libro y le di las gracias a la concejala y a la ayudante de dirección de la biblioteca (aunque yo había ido sólo como “familiar”), pues gracias a su apoyo este encuentro se había hecho realidad.

Luego fuimos a una cantina y el ruido me agobió, por lo que departí lo justo y me departí.

1 comentario:

Antonio Alfeca dijo...

La fisiología es muy mala y se alía con frecuencia a la ley de Murphy, de la que Góngora fue pionero con su "cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos". La vejiga acaba por no dar más de sí justo en el minuto anterior al inicio de un examen o de una actuación ante un público.

Amenazo con con colgar próximamente la parodia de "O sole mio" con playback y todo; ¡¡¡atentos a sus auriculares!!!