viernes, 16 de noviembre de 2012

El hombre que acariciaba a los gorditos

Un profesor del centro cultural no paraba de acariciarle los mofletes a un niño gordo; con fruición, como a un perro. Desde la otra punta del pasillo se veía que el chaval se sentía incómodo. Y el otro seguía, y venga, y dale. El pobre niño se excusó:
—Me tengo que ir porque mi madre...
—¡Pues corre! —le espoleó el profesor, con una sonrisa que de tan inconsciente era cruel.
El niño se lanzó a correr hasta la puerta a un metro y medio de distancia. Casi tropezándose con el aire. Sudando vergüenza indefensa.
Yo no le dije al profesor:
—¿Es que no se ha dado cuenta de que el niño estaba sintiéndose humillado? No vuelva a frotarle los mofletes así jamás, ¡jamás!
Si se lo hubiera dicho, encima el desagradable hubiera sido yo.